La diferencia entre VDI y DaaS no está tanto en la tecnología como en el modelo operativo que hay detrás. Estos son los aspectos a tener en cuenta antes de tomar una decisión.

La comparación entre VDI y DaaS es una de las cuestiones que se plantean actualmente las grandes empresas españolas.
Muchas de ellas llevan una década utilizando Infraestructura de Escritorio Virtual (VDI), pero Desktop as a Service (DaaS) propone un modelo en el que un proveedor externo se encarga de gestionar la infraestructura y la empresa paga una cuota mensual por usuario.
Si eres responsable de un entorno TI distribuido, probablemente te estés planteando tres preguntas clave:
Cuanto más se retrase la decisión, más terreno pierde tu infraestructura mientras otras organizaciones avanzan en su modernización.
Este artículo compara VDI, DaaS y los escritorios en la nube (la alternativa basada en sesiones que se sitúa entre ambos modelos) a partir de cinco criterios que te ayudarán a tomar una decisión: coste, escalabilidad, seguridad y soberanía del dato, gestión y experiencia del empleado.
Estos cinco criterios te ayudarán a determinar qué modelo se adapta mejor a tu infraestructura y cómo gestionarlo sin que se desvíe con el tiempo.
En este artículo encontrarás:
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Para entender realmente las diferencias entre VDI y DaaS, en primer lugar es necesario conocer en qué consiste cada modelo y cómo puede ayudar a una organización como la tuya a gestionar una plantilla distribuida entre hogares, oficinas e incluso distintos países.
Veamos cada uno de ellos.
La Infraestructura de Escritorio Virtual es el modelo de virtualización de escritorios más consolidado para empresas. La organización es propietaria de toda la infraestructura y la gestiona internamente. Normalmente necesitas un hipervisor sobre el que ejecutar las máquinas virtuales y un servidor central que aloje la infraestructura y garantice su funcionamiento.
Cada usuario dispone de una máquina virtual, a la que el equipo de TI puede acceder y gestionar desde el centro de datos de la organización o desde una nube privada.
VDI suele considerarse una inversión de capital (CapEx), ya que la organización debe adquirir el hardware desde el principio y destinar un presupuesto a su mantenimiento y renovación periódica.
A cambio, obtiene un control prácticamente absoluto sobre la infraestructura, ya que todo el entorno depende exclusivamente de la propia organización.
Desktop as a Service es un modelo de escritorio virtual basado en suscripción. Un proveedor externo la opera sobre una nube pública y la empresa paga una cuota mensual por usuario.
Los principales proveedores de DaaS, como AWS, Citrix DaaS o Azure Virtual Desktop, utilizan modelos de nube compartida en los que varios clientes comparten la infraestructura física, aunque cada uno mantiene su entorno completamente aislado. Estos proveedores suelen ofrecer recursos dedicados, con un coste superior, que garantizan una capacidad fija de procesamiento y memoria.
DaaS es un modelo de prestación del servicio. Es decir, una forma de suministrar escritorios y sesiones virtuales a los usuarios. Al comercializarse mediante suscripción, normalmente se considera un gasto operativo (OpEx).
Las organizaciones ceden parte del control sobre la infraestructura, pero a cambio pueden ganar agilidad. Es posible desplegar nuevos puestos de trabajo, incorporar contratistas o habilitar nuevas sedes en cuestión de días, un proceso mucho más rápido que adquirir e implantar nueva infraestructura propia.
Cloud Desktop es el término más amplio de los tres y normalmente hace referencia a un modelo basado en sesiones compartidas, en lugar de asignar una máquina virtual independiente a cada usuario. Permite que varios usuarios compartan un mismo servidor, aunque cada uno trabaja en su propia sesión.
Todos estos modelos tienen ventajas e inconvenientes. Elegir uno u otro dependerá del tipo de infraestructura, plantilla y requisitos normativos de cada organización.

Tanto VDI como DaaS ofrecen importantes ventajas para las organizaciones, pero se basan en arquitecturas diferentes y sus limitaciones suelen hacerse evidentes una vez que el entorno está en funcionamiento.
Para ayudarte a evaluar ambas opciones, estas son las principales diferencias que conviene tener en cuenta.
Son muchas las organizaciones que elaboran el caso de negocio para implantar VDI o DaaS comparando únicamente el coste económico de cada opción.
Como hemos visto anteriormente, VDI se considera una inversión de capital CapEx, por lo que el mayor desembolso suele realizarse al principio, con la adquisición de servidores, almacenamiento y licencias, seguido de un ciclo de renovación del hardware cada cuatro o cinco años. Al tratarse de costes de infraestructura, estos activos se reflejan en el balance de la empresa.
DaaS se considera un OpEx, ya que supone una cuota mensual predecible sin necesidad de adquirir hardware ni amortizarlo, lo que facilita tanto la aprobación de la inversión como la posibilidad de prescindir del servicio si fuera necesario.
Sin embargo, los responsables de TI suelen pasar por alto la capacidad operativa necesaria para mantener el entorno. Si esta resulta insuficiente, el coste no tiene por qué superar el presupuesto, pero sí puede ralentizar el progreso.
“El personal especializado necesario para gestionar este entorno rara vez se dimensiona correctamente”, afirma Manel Valera, COO de Flexxible. “El ciclo de vida de las imágenes, la gestión de perfiles, el aprovisionamiento de catálogos o las actualizaciones anuales de la plataforma son aspectos que deben contemplarse”.

En España, esta limitación se manifiesta como un problema práctico, más que como una cuestión teórica.
“Los especialistas en virtualización se concentran en Madrid y Barcelona, por lo que una organización con sede en Bilbao, Valencia o Zaragoza compite por un número limitado de profesionales con consultoras y proveedores de servicios”, continúa Manel. “Un diseño que presupone contar con dos o tres ingenieros implica un riesgo de dependencia de personas clave que el caso de negocio no refleja”.
Este problema suele hacerse visible a través de una serie de indicadores, normalmente unos seis meses después de la puesta en marcha del proyecto.
“Imágenes maestras que no se han reconstruido durante meses. Una migración a Windows 11 aplazada trimestre tras trimestre. Capacidad de almacenamiento que no se recupera porque ya nadie mantiene el diseño original de los pools. El entorno sigue cumpliendo los niveles de servicio, por lo que rara vez genera una escalada. Lo que realmente se ha detenido es el ritmo de evolución”, explica Manel.
El impacto no se aprecia inmediatamente en términos económicos. Se acumula en forma de trabajo aplazado y suele aflorar entre doce y veinticuatro meses después en forma de un proyecto de modernización, precisamente el resultado que muchas organizaciones pretendían evitar al optar por VDI.
Solo es posible comparar el coste total de propiedad de ambos modelos si se tiene en cuenta también la carga operativa que implica gestionar cada uno de ellos.
Ambos modelos abordan la escalabilidad de forma diferente. En VDI, la capacidad debe planificarse con antelación, a menudo meses antes de que exista la demanda. Si la empresa adquiere otra organización, abre una nueva sede o necesita absorber un pico estacional de actividad, tendrá que adquirir nuevo hardware y esperar a su entrega e implantación. El crecimiento avanza al ritmo que marca el proceso de adquisición.
Con DaaS el proveedor ya dispone de la capacidad necesaria y la empresa puede contratarla en el momento en que se necesite. Escalar deja de ser un proyecto de inversión sujeto a plazos y pasa a ser un simple cambio de licencias.
Del mismo modo, cuando disminuye la plantilla, basta con reducir la suscripción de DaaS. Con VDI, la organización sigue siendo propietaria de un hardware que ya ha adquirido y que no puede devolver.
Como ocurre con otros aspectos, el principal inconveniente vuelve a ser el coste. La flexibilidad de DaaS facilita la escalabilidad, pero una base de usuarios muy amplia puede resultar más costosa a lo largo de cinco años. VDI exige una mayor inversión inicial, aunque sus costes operativos suelen ser inferiores.
¿La conclusión? DaaS ofrece una mejor escalabilidad en ambas direcciones, mientras que VDI funciona mejor si los números son predecibles.
Tanto VDI como DaaS comparten una serie de características de seguridad que aportan importantes ventajas para los dispositivos de usuario, entre ellas:
Sin embargo, ambos modelos difieren en materia de gobernanza. Con VDI, los datos permanecen en las instalaciones de la organización y bajo su propia jurisdicción, por lo que la soberanía del dato apenas plantea dudas. Con DaaS, esa responsabilidad depende del proveedor elegido y la respuesta puede variar de uno a otro.
Las obligaciones regulatorias son las mismas en España y todas ellas tienen como eje la seguridad de los datos. La directiva NIS2 se aplica a entidades esenciales de sectores como la sanidad, la energía, los servicios esenciales y la administración pública. DORA, por su parte, introduce requisitos específicos de resiliencia operativa para las entidades financieras. A ello se suman marcos como el RGPD, HIPAA y PCI DSS.
Por tanto, la elección de DaaS depende en gran medida del proveedor. Es fundamental saber dónde se alojan los datos, quién opera la infraestructura y bajo qué legislación está sujeto ese operador. Por ejemplo, un proveedor no europeo que procese cargas de trabajo de la Unión Europea puede generar un problema de jurisdicción que ningún contrato puede resolver por sí solo.
Sin embargo, la ubicación de los datos es solo una parte de la ecuación.
“Todos los grandes proveedores ofrecen regiones de alojamiento en la Unión Europea y la documentación necesaria para acreditarlo”, afirma Manel Valera. “La cuestión que realmente condiciona la evaluación es la jurisdicción del personal con acceso privilegiado. Los ingenieros de soporte que pueden visualizar una sesión de escritorio de un entorno sanitario o financiero están tratando datos personales, independientemente del lugar donde se ejecute la carga de trabajo”.

Esta cuestión suele plantearse más tarde de lo recomendable durante el proceso de evaluación, normalmente cuando ya se ha elaborado una lista de proveedores preseleccionados, así que vale la pena plantearse: quién puede acceder a una sesión de usuario y bajo qué jurisdicción opera.
VDI puede ofrecer un mayor nivel de control, pero también implica asumir una mayor responsabilidad. La organización gestiona toda la infraestructura, lo que significa que debe encargarse de diagnosticar y resolver las incidencias, desde la creación y el mantenimiento de las imágenes maestras hasta la actualización del broker.
Con DaaS esa responsabilidad recae sobre el proveedor. Esto reduce considerablemente la carga de trabajo del equipo de TI, aunque también implica perder visibilidad sobre todo lo que ocurre por debajo de la capa de sesión.
Para muchas organizaciones que cambian de modelo o migran de uno a otro, este es uno de los primeros problemas que aparecen. Gestionan entornos VDI, DaaS y dispositivos físicos, cada uno con sus propias herramientas de administración, mientras que el Service Desk recibe todas las incidencias en una única cola. Un usuario puede informar de un problema de latencia, pero nadie sabe con certeza cuál es su origen.
Las actualizaciones de software, el estado de los parches y la planificación de la continuidad del negocio también acaban fragmentándose de la misma manera.
Tanto VDI como DaaS ofrecen una excelente visibilidad sobre el estado de la infraestructura, pero ninguno proporciona una de las métricas más importantes en un entorno de trabajo distribuido: la experiencia digital del empleado.
Un panel de control de VDI puede mostrar una completa telemetría de la infraestructura, con indicadores en verde para la CPU, la memoria, el almacenamiento o la disponibilidad de las sesiones. Pero no refleja la frustración que experimenta un empleado cuando una aplicación deja de responder a mitad de una tarea o una impresora no funciona bien.
En los entornos DaaS, los equipos de TI suelen disponer de aún menos información, ya que la plataforma está gestionada por un proveedor externo, así que si hay un problema suele abrirse un ticket de soporte.
El resultado es que muchas organizaciones carecen de visibilidad sobre la DEX y desconocen la fricción digital que puede provocar una pérdida de productividad y, en última instancia, de sus mejores empleados.
Hasta hace poco, las organizaciones españolas planteaban la elección entre VDI y DaaS como una decisión excluyente.
Las empresas con una infraestructura amplia y estable, cuyos datos no podían salir de sus propias instalaciones y que ya contaban con un equipo especializado en virtualización, encontraban en VDI la opción más adecuada.
Otras, en cambio, comprobaron que DaaS se adapta mejor a entornos de trabajo híbridos, en los que la plantilla cambia con frecuencia debido a adquisiciones o a la incorporación de personal externo. En estos casos, la rapidez para aprovisionar nuevos escritorios tenía más peso que el coste por usuario: pagar una cuota mensual a un proveedor tenía más sentido que invertir en un servidor central que podía quedarse pequeño en apenas dos años.
En 2026, la mayoría de las infraestructuras ya combinan ambos modelos, junto con dispositivos físicos y flotas de thin clients distribuidas entre distintas sedes. Independientemente de dónde se ejecute el escritorio, las tareas siguen siendo las mismas: aplicar actualizaciones de software, garantizar un acceso remoto seguro, diagnosticar problemas de latencia o demostrar el cumplimiento de normativas como el RGPD o PCI DSS.
Lo único que cambia son las herramientas de gestión, y esa fragmentación es precisamente la que consume tiempo.
Para eso están diseñadas las soluciones VDI y DaaS. Estas plataformas ofrecen escritorios virtuales y aplicaciones seguras, escalables y de alto rendimiento. También ayudan a reducir costes y ganar agilidad operativa.
Las empresas ya no necesitan elegir entre VDI, DaaS o un escritorio en la nube.
Ahora pueden gestionar todos estos entornos desde una única plataforma, con una interfaz unificada que administra todos los escritorios de la organización, tanto físicos como virtuales.
La solución DaaS de Flexxible ha sido diseñada precisamente para ello: permite utilizar tu propia infraestructura o la de Flexxible, con cualquier broker, nube o hipervisor.
Fiable y escalable, ofrece a tu equipo de TI la capacidad de:
Estas capacidades convierten a Flexxible en una opción contrastada para gestionar infraestructuras a gran escala. El Gartner® Magic Quadrant™ para soluciones DaaS la ha reconocido durante tres años consecutivos y recientemente hemos alcanzado el nivel más alto posible del ENS español (Real Decreto 311/2022) como empresa europea que opera sobre infraestructura europea. Esto significa que la soberanía del dato y los requisitos del RGPD y de NIS2 se resuelven desde el diseño de la plataforma, en lugar de tener que negociarse en cada proyecto para tu organización española.
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