Cuantas más incidencias resuelve la automatización, más complejas son las que requieren intervención humana. Te contamos cómo abordar ambas

En la era de la automatización, alrededor del 74% de los tickets de asistencia remota de TI pueden resolverse sin que intervenga una persona.
Muchas grandes empresas interpretan este dato como una señal para reducir el service desk, pero hacerlo puede ser un error. La automatización resuelve las incidencias más sencillas y repetitivas, mientras que los casos más complejos siguen necesitando la intervención de profesionales especializados.
Si gestionas el área de TI de una organización con una plantilla distribuida, probablemente te resulten familiares algunas de estas situaciones:
Son problemas habituales, pero si no se abordan pueden acabar dejando a un equipo de TI más pequeño frente a una carga de incidencias cada vez mayor.
El puesto de trabajo digital actual necesita combinar ambas capacidades: automatización para resolver las incidencias informáticas repetitivas y evitables, y asistencia remota especializada para aquellas que requieren intervención humana.
A continuación, analizamos cómo avanzar hacia este modelo de soporte unificado y cómo Flexxible podrá integrar muy pronto ambas capacidades en una misma plataforma.
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La mayoría de los responsables de TI saben que buena parte de los tickets del help desk pueden automatizarse, aunque el margen real de automatización no siempre está claro.
Un estudio reciente realizado entre clientes de Flexxible reveló que el 74% de los tickets pueden resolverse mediante automatización. Son restablecimientos de contraseñas, actualizaciones de software, instalaciones de programas y problemas con Microsoft 365 que se repiten con frecuencia en los equipos de soporte.
Otros estudios apuntan en la misma dirección. Gartner prevé que en 2029 la IA agéntica ya resolverá de forma autónoma el 80% de los problemas habituales de atención al cliente sin intervención humana. Esto supondrá una reducción del 30% de los costes operativos y un cambio en la forma en que las organizaciones dotan de recursos y estructuran su soporte interno de TI.
La cuestión, por tanto, no es tanto dónde está el límite, sino cuánto margen tiene todavía cada organización para acercarse a él.
“La mayoría de las organizaciones están muy lejos de alcanzar ese límite del 74% de automatización”, afirma Kilian Arjona, CTO de Flexxible. “Es una brecha de ejecución, no una limitación tecnológica, y una razón para invertir en automatización”.

Las plataformas DEX para empresas están ayudando a reducir esa distancia. Recopilan telemetría de forma continua de cada endpoint, incluidos portátiles, dispositivos macOS y escritorios virtuales, y convierten esos datos en mantenimiento preventivo. Por ejemplo:
Estas plataformas cambian la lógica de la asistencia informática remota tradicional, que actuaba cuando el usuario comunicaba un problema y se generaba un ticket.
La remediación automática, en cambio, puede resolver una incidencia antes incluso de que el empleado la perciba, porque actúa a partir de una señal y no de una queja. Por eso, buena parte de su trabajo pasa desapercibido.
Pero la automatización también tiene límites, y las incidencias que quedan fuera requieren conocimientos y capacidad de diagnóstico que no pueden resolverse con un script.
La remediación automática ha avanzado enormemente en los últimos años, hasta el punto de que algunas organizaciones pueden llegar a pensar que necesitan menos soporte humano. Si la plataforma gestiona tres cuartas partes de la cola, ¿por qué seguir invirtiendo en las personas que hay detrás?
Sin embargo, reducir el equipo de soporte entraña riesgos. Las incidencias que escapan incluso a una automatización avanzada requieren diagnóstico, criterio y contacto humano. Y suelen responder a cinco situaciones muy concretas.

Cuando un empleado tiene un problema técnico, no siempre sabe explicar qué está fallando. Una conexión lenta o una aplicación que responde con retraso pueden tener causas muy distintas y encontrar el origen del problema no siempre es tan evidente.
“La automatización necesita una señal sobre la que actuar y el usuario no ha proporcionado ninguna”, explica Kilian Arjona, CTO de Flexxible. “Pasar de ahí a un diagnóstico requiere una conversación, y esto representa una parte importante de lo que realmente llega a un service desk”.
Los casos poco claros y difíciles de reproducir normalmente no pueden automatizarse mediante scripts. Necesitan que una persona hable con el usuario para entender qué ocurre.
La automatización funciona especialmente bien con problemas conocidos. Cuando aparece un fallo nuevo, en cambio, puede pasar inadvertido hasta que alguien lo detecta y lo comunica. Una persona debe diagnosticar primero ese fallo antes de poder crear una regla que la automatización pueda seguir.
La acción técnica puede ser completamente automatizable, pero siempre habrá decisiones importantes que impliquen un riesgo real para el negocio y requieran criterio y autorización humana, como borrar un dispositivo o aislar un portátil después de una alerta de malware.
Hay algunos fallos a los que ninguna sesión de acceso remoto puede llegar: fallos de hardware, periféricos, estaciones de acoplamiento, un router doméstico o switches situados en el extremo de una conexión. Alguien tiene que seguir guiando al empleado para resolverlos.
Algunos perfiles de usuario necesitan una experiencia de soporte técnico de TI diseñada en torno a su contexto de trabajo específico, en lugar de pensada simplemente para el caso medio. La automatización se queda corta en estos casos porque está pensada para resolver situaciones comunes, no las necesidades específicas de determinados perfiles que, además, suelen desempeñar funciones especialmente importantes para el negocio.
El tiempo medio de resolución es una métrica útil, pero no siempre refleja bien la experiencia de determinados usuarios.
Pensemos en un técnico de campo que está trabajando sobre el terreno con mala conectividad y sin un segundo dispositivo, o en un empleado de una sucursal que tiene a un cliente delante. Ambos necesitan resolver su problema en ese preciso momento y con el mínimo esfuerzo posible por su parte.
Las herramientas genéricas de conexión remota no siempre responden bien a estas situaciones. Dirigir al usuario hacia un portal de autoservicio puede convertirse en una mala experiencia incluso cuando funciona, porque el coste de esa interacción es el tiempo, precisamente lo que menos pueden permitirse perder.
Lo mismo ocurre con los usuarios que tienen necesidades de accesibilidad, para quienes la vía del autoservicio suele ser considerablemente más difícil que la asistencia directa.
Los usuarios que necesitan un soporte remoto de TI rápido y humano suelen ser también quienes generan más valor para el negocio por hora.
Una asistencia técnica remota bien diseñada puede marcar la diferencia. Puede eliminar la carga del diagnóstico para el usuario, empezando por ofrecer al técnico toda la información disponible antes incluso de abrir la sesión.
Un técnico que entra en la sesión conociendo ya la telemetría, el estado de los parches y los intentos recientes de remediación puede empezar a diagnosticar inmediatamente, en lugar de pedir al usuario que describa el problema a través de una herramienta genérica para compartir pantalla.
El impacto no siempre se refleja en el tiempo medio de resolución, sino en la experiencia de usuario y en la confianza que las personas con funciones más críticas depositan en el soporte de TI.
A medida que las incidencias que llegan al equipo de soporte se vuelven más complejas, también debe evolucionar la forma de gestionarlas.
Estos son los cuatro elementos clave:
El mantenimiento remoto de TI y los entornos virtuales suelen gestionarse mediante herramientas independientes dentro de las organizaciones: las herramientas RMM supervisan el dispositivo, mientras que las plataformas de escritorios virtuales supervisan las sesiones. Nadie es responsable de la experiencia de principio a fin.
Por eso es tan importante reunir todos los sistemas y equipos de TI en una única vista, incluidos los endpoints físicos, las sesiones de escritorio remoto y las aplicaciones. De hecho, debería ser el requisito previo para todo lo demás.
Las métricas estándar del help desk no pueden medir aquello que nunca llegó a ocurrir. Por eso es fundamental contabilizar las incidencias evitadas, además de las resueltas: permite medir el valor generado en lugar de interpretar simplemente que ha caído la demanda.
Medir este impacto puede ser clave para justificar la inversión en un programa proactivo cuando llegue el momento de revisar el presupuesto.
Las incidencias recurrentes son el mejor punto de partida para automatizar procesos: solicitudes de instalación de software, fallos en las copias de seguridad o desviaciones en la aplicación de parches.
Integrar esas automatizaciones en el flujo de trabajo de gestión de servicios, en lugar de ejecutarlas de forma paralela, es lo que convierte la información en un cambio operativo. Un cliente de Flexxible del sector sanitario redujo de esta forma el tiempo medio de resolución de 1,8 días a ocho minutos.
Permitir que el software realice cambios en endpoints de producción sin que exista un ticket que autorice cada modificación es un ejemplo de una brecha en el control de cambios que puede generar problemas en una auditoría, especialmente en sectores sujetos al RGPD, donde esta cuestión debe resolverse a nivel de dirección.
Por tanto, cada acción automatizada y cada sesión de help desk remoto deberían contar con una conexión cifrada, acceso basado en roles y un registro de auditoría sólido y trazable.
Según nuestra experiencia, disponer de buenos datos no es suficiente. Las organizaciones que avanzan más rápido son las que han definido desde el principio qué acciones pueden automatizarse y quién debe autorizarlas.
El trabajo remoto ha cambiado para siempre la forma en que se distribuye el entorno digital de las empresas. Y aunque la automatización seguirá resolviendo cada vez más incidencias, el soporte técnico remoto no perderá relevancia. Al contrario, tendrá que ocuparse de los problemas más complejos.
Una buena experiencia digital del empleado requiere combinar dos capacidades: automatización y asistencia remota de TI.
FlexxClient ya cubre la primera.
FlexxClient, nuestra plataforma de gestión desde una única consola, ofrece automatización autorreparable que soluciona incidencias antes de que los empleados lleguen a percibirlas y proporciona a TI observabilidad en tiempo real sobre endpoints físicos y virtuales. Con funciones integradas de seguridad e informes de cumplimiento, ayuda a las organizaciones a medir la DEX, actuar sobre el feedback de los empleados y demostrar el valor de TI para el negocio.
Por eso nuestros clientes recuperan hasta un 78% del tiempo de los empleados que se perdería por fricciones tecnológicas y hemos sido reconocidos durante tres años consecutivos en el Magic Quadrant de Gartner para herramientas de gestión de la experiencia digital del empleado.
En otoño de 2026 Flexxible incorporará también la asistencia remota.
La nueva solución Remote Assistance de Flexxible está diseñada precisamente para las incidencias que la automatización no puede resolver por sí sola: problemas difíciles de diagnosticar, situaciones nuevas, decisiones que requieren autorización o casos en los que el usuario necesita una respuesta inmediata.
Esta asistencia funcionará en la misma plataforma que la automatización, de modo que el técnico podrá iniciar una sesión atendida o desatendida directamente desde el portal y dispondrá desde el principio de todo el contexto del dispositivo. La gobernanza está integrada en el propio diseño: todas las sesiones quedan registradas y son auditables por defecto, y generan un registro de auditoría firmado directamente en tu propia consola.
En definitiva, cuanto mejor sea tu automatización, mejor debe ser tu asistencia remota. La mayoría de las organizaciones están invirtiendo en una de las dos áreas mientras descuidan la otra.
Con Flexxible, ambas capacidades estarán integradas en una misma plataforma.
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